Prometo no arrojarme desde la azotea de mi egocentrismo. Prometo dedicarme a contar los silencios que existen antes de desaparecer tras la puerta. Prometo bajar más a menudo al mundo de los vivos, aquí arriba me estoy pudriendo por fuera en vez de por dentro. Prometo ver a cámara lenta el presente antes de agonizar y morir. Prometo empezar a perder el tiempo, a comer de nuevo los complejos que han desarrollado los sueños. Prometo destruirme por dentro, y ponerme a la cola, porque me he dado cuenta de que todos nos hemos corrompido en algún momento entre verano y el invierno. Un pasado en negro y un futuro en gris. Un candado a nuestro alrededor, unas lágrimas teñidas de rojo. Los niños de ahora ya no lloran por los ojos, nos hemos vuelto más violentos. Prometo desgarrarme con mi propio reflejo, le veo esquelético últimamente.
Prometo dejar de escribir promesas en mi piel si las cicatrices no van a recordármelas.
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