viernes, 20 de septiembre de 2013

No creí que me volvería a pasar

Y a las dos de la mañana es cuando más ganas tengo de besarte. Y ahora mismo te estoy viendo en cualquier parte y te prometo que ahora mismo desearía que estuvieras aquí, pero no lo estás. Y que estés probando los labios de alguna desconocida te prometo que me está matando. Silencio en esta pequeña casa de capital y lo único que mantiene este lugar humano son los desbocados latidos de mi corazón, acelerado. ¿Cómo voy a dormirme si solo podría conseguirlo si tú estuvieras a mi lado? Necesito que me envuelvas con tus brazos y me acerques tanto a ti que seamos solo uno. Prometo que hacía tiempo que no sentía nada de esto, que aquellos sentimientos que creía haber desterrado y enterrado bajo tierra, encerrados con candado y contraseña se han fortalecidos y juro que han derribado los muros, las barricadas y las barreras. ¿Dónde estás? Te buscaré entre los confines de un sueño irreal, me despertaré a las cinco de la mañana y no sabré si quiera si habrás llegado a tu casa. Me pregunto si estás pensando en qué lugar me encuentro, me pregunto si quieres encontrarme tanto como yo de que me encuentres.  Y no me funciona el teléfono y no puedo escribirte nada, porque sé que ahora no tendrá importancia, porque veo difuminado, porque me pregunto cómo habré llegado a casa, porque escribo incoherencias, y ahora mismo más que mi cabeza, grita el corazón. Luchando por desangrarse y hacerme sentir lo real que es todo esto. Cuélate por mi ventana y olvidemos quienes somos.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario