domingo, 29 de septiembre de 2013

Te perdí bajo la nieve, bajo el silencio eterno de las montañas, frente a la ventana de un bar vacío en medio de la nada. Se quedó tu sonrisa reflejada en ese cristal para siempre, el vaho que salió de tus labios y que nubló la ventana. Se quedaron mis manos heladas pegadas al radiador. Ahí se quedaron las conversaciones, los amigos, ahí comenzó y terminó todo, como en un macabro juego, como en una película de cine alternativo. Ahí se quedaron nuestros personajes, atrapados en un tren viajando hasta el fin del mundo, creyéndonos tan mayores, tan adultos. Ahí se quedaron mis auriculares olvidados en un banco mientras nos hacíamos los libres intentando no enfermar bajo la lluvia de marzo. Ahí se quedará el helado que nunca llegamos a terminar, la canción que nunca llegamos a especificar y a las personas que quedaron sin nombre. Ahí se quedaron las calles vacías de una ciudad extranjera. Ahí nos quedaremos para siempre, ahí quedarán mis sentimientos antes de que todo se comenzara a volver demasiado complicado. Ahí te quedarás tú, esperando a que simplemente te suceda algo bueno, algo que siempre andas buscando y nunca encuentras. Aquí es donde te desentierro y te digo que me importa una mierda, que nadie era tan tú como tú.

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